Categoría: mujeres a traves de la historia

  • La Martiniana de Andrés Henestrosa, un canto a los que ya no están

    La Martiniana de Andrés Henestrosa, un canto a los que ya no están

    Recuerdo la primera vez que escuché esta canción, fue en casa de mi vecina, quien tiempo después se convertiría en mi amiga y una maestra de vida, la gran Regina Santiago, analista política y periodista, luchadora incansable de los derechos por la información. Regina, una figura importante en la vida política e intelectual del país, amiga de personalidades como el maestro Francisco Toledo y el mismo Andrés Henestrosa, compositor de esta pieza. Regina interpretaba La Martiniana con su guitarra y nos contagiaba la nostalgia de evocar a quienes se han ido y, a la vez, la alegría de estar en vida con los que queremos.

    Son de consuelo y eternidad

    La Martiniana resuena con la esencia profunda del pueblo zapoteco y el alma de Oaxaca, llevándonos en cada nota y verso a una época donde las tradiciones, el misticismo y la palabra poética son refugios para el dolor y el consuelo. Atribuida al poeta y escritor zapoteco Andrés Henestrosa, esta obra ha perdurado como un himno de duelo y reconciliación. Su melodía, en forma de son istmeño, acaricia el corazón de quienes enfrentan la partida de un ser querido.

    Una composición nacida del alma zapoteca

    Henestrosa, originario de Ixhuatán, Oaxaca, fue un intelectual comprometido con la preservación de su cultura y su lengua zapoteca. En su obra, buscó perpetuar las tradiciones de su pueblo, y La Martiniana no fue la excepción. Aunque el texto pudo haberse inspirado en poesía popular o en canciones tradicionales de la región, Henestrosa la adaptó con versos en zapoteco y español para hablar de la vida, la muerte y la conexión espiritual con los que ya no están.

    La Martiniana como son istmeño: ritmo y poesía en armonía

    El son istmeño, una expresión musical del Istmo de Tehuantepec, es conocido por su cadencia melódica y su sensibilidad. Interpretado con instrumentos como guitarra, marimba y violín, su tono acompaña temas que van desde el amor hasta la nostalgia. La Martiniana, adaptada como son, refleja esta cadencia particular, permitiendo a sus versos fluir con una suavidad ideal para hablar del duelo. La canción se convierte en un consuelo, una balada que honra a los difuntos, con una melodía que transmite paz y recuerda que el dolor es parte del ciclo de la vida.

    Un consuelo en el duelo

    La letra de La Martiniana explora la pérdida y el deseo de paz para quienes se han ido. La canción es una conversación entre el que parte y el que se queda, donde la figura de la muerte se presenta como una transición natural en la existencia. En sus versos, Henestrosa pide a los vivos que no lloren por los muertos, ya que hacerlo puede impedir su descanso. La canción se convierte en un recordatorio de la importancia de soltar y de permitir que los recuerdos florezcan sin el peso del dolor.

    Frases como “No llores por mí, es un mal innecesario; si lloras por mí, yo siento más mi cruel dolor” reflejan la enseñanza del desapego, invitándonos a ver la muerte como una etapa más, sin renunciar al cariño, pero evitando el sufrimiento que encadena. Este mensaje, aunque emerge de la tradición zapoteca, ha llegado a resonar universalmente en aquellos que han experimentado la pérdida y buscan un bálsamo en el recuerdo.

    La Martiniana, símbolo de la cultura mexicana

    Con el paso de los años, La Martiniana se ha convertido en una de las piezas más representativas de la música tradicional mexicana, especialmente en las celebraciones del Día de Muertos. En estas fechas, cuando se honra la memoria de los fallecidos, su melodía se escucha entre velas, flores y altares. En este contexto, este son se convierte en una plegaria que conecta a los vivos y a los muertos, en una ofrenda sonora que ayuda a mitigar la ausencia y a celebrar el amor que continúa vivo.

    Cada vez que esta canción se entona, ya sea en una ceremonia, en un altar o en una reunión familiar, cumple con su propósito de brindar consuelo y sanar corazones, dando paz a quienes recuerdan y fortaleza a quienes esperan el reencuentro en otro plano.

    Un legado eterno

    La Martiniana es más que una canción; es un testamento del alma oaxaqueña y del espíritu de Henestrosa, una obra que refleja la relación de México con la muerte y su habilidad para transformar el dolor en arte. Cada nota es un consuelo y cada verso un recordatorio de que aquellos a quienes amamos nunca se van del todo; viven en nuestra memoria y en el eco de cada melodía.

    Regina perdió la batalla en la pandemia, pero me dejó todas sus historias, sus ganas de vivir y la herencia de conocer una canción que hoy me acompaña cada noviembre mientras la casa se viste de colores y se edifica la ofrenda de Día de Muertos.

    “¡Ay, de mí! ¡Ay, de mi corazón! No llores, por favor, no llores más.” Con este verso, Regina y todos los que no están vienen en camino para cantar sones del alma que alegran los corazones.

  • Antonia Brico: La Pionera en el Mundo de la Dirección Orquestal

    Antonia Brico: La Pionera en el Mundo de la Dirección Orquestal

    Antonia Brico, una mujer valiente y apasionada por la música, dejó una marca perdurable en el mundo de la dirección orquestal. Nacida en Róterdam, Países Bajos, el 26 de junio de 1902, en una época en que las mujeres luchaban por su lugar en una sociedad dominada por los hombres, su historia es un testimonio de determinación y talento. Desde sus humildes inicios hasta sus logros como directora de orquesta, su vida es un ejemplo de superación, desafíos y realización de sueños.

    Inicios y Formación Musical

    Antonia Brico nació con el nombre de Antonia Louisa Brico en Róterdam, de su infancia no hay mucha información, lo que se sabe es que fue adoptada por el señor y la señora Wolthuis los cuales la rebautizaron con el nombre de Wilhelmina Wolthius, nombre que ella dejaría años más tarde para reclamar su primer nombre. A la edad de cinco años se mudó junto a sus padres a la ciudad de Los Angeles, California. Ya instalada en una nueva vida, la pequeña Antonia comenzó con clases de piano, volviendo de esto una pasión y construyendo poco a poco el sueño de ser directora de orquesta como el pianista y director de orquesta Paul Steindorff a quien admiró desde la primera vez que lo escuchó.

    Más tarde en 1919 cuando se graduó de la educación secundaria, Antonia descubrió que era adoptada, se marchó de su casa y no volvió a tener contacto con sus padres adoptivos. Después se matriculó en la Universidad de Berkeley y estudió artes liberales, durante su tiempo en la universidad conoció al director de la ópera de San Francisco Paul Steindorff con quien trabajó como asistente y bajo su tutela comenzó a aprender los intrincados matices de la dirección orquestal. 

    Desafiando las barreras de género

    El camino de Antonia Brico hacia la dirección orquestal estuvo lleno de desafíos debido a las normas y expectativas sociales de la época. Muchas veces fue rechazada por ser mujer, enfrentando la discriminación y el escepticismo, a principios del siglo XX, la dirección orquestal era un campo dominado por hombres, y la idea de una mujer en ese papel era, lamentablemente, poco común y a menudo menospreciada.

    Al ver que sus aspiraciones como directora no darían fruto en el lugar en el que estaba, Antonia decidió abrirse camino en búsqueda de nuevas oportunidades y se mudó a Nueva York, lugar en el que se convirtió en alumna de uno de los pianistas más influyentes del momento, Sigismond Stokowski.

    Después de dos años en 1926 se trasladó a Hamburgo, dejando atrás su vida adolescente y los rechazos en la búsqueda de obtener la batuta.

    El viaje hacia la cima

    Este cambio a la escena musical europea fue fundamental para su desarrollo como directora de orquesta, brindándole la oportunidad de ampliar su conocimiento y perfeccionar su técnica en un entorno altamente profesional y enriquecedor bajo la tutela de Karl Muck director muy reconocido en ese momento y de quien también fue asistente durante cuatro años. Complementando su formación con clases de dirección en la Academia Estatal de Música de Berlín de la cual logró ser la primer estadounidense en graduarse en 1927.

    En la década de 1930, Antonia Brico alcanzó un hito significativo en su carrera al debutar como directora de la orquesta filarmónica de Berlín a la edad de 28 años. Este debut marcó un momento trascendental en la música clásica y en la lucha por la igualdad de género en el mundo de la dirección orquestal, al ser la primer mujer en hacerlo.

    Notas de éxito, acorde de desafíos

    Tras su experiencia y éxito en Europa, decidió regresar a Estados Unidos, donde buscó ser directora titular de orquesta, y que a pesar de sus habilidades y experiencia, enfrentó discriminación y desigualdad nuevamente de la industria musical y solo fue considerada como directora invitada. Esto la llevó a realizar una gira con varias orquestas nuevamente por Europa donde su arte era reconocido y aceptado.

    En 1932 regresó a Estados Unidos en donde pese a las dificultades y la falta de empatía por la prensa que la atacaba constantemente por ser mujer con un cargo que era defendido como masculino, Antonia logró debutar como directora de la orquesta Musicians Symphony Orchestra en el ópera house de Nueva York, una de las orquestas más prestigiosas del momento en donde por primera vez recibió críticas favorables de su trabajo como directora, la presentación programó un segundo y tercer concierto, sin embargo el último no se llevaría a cabo ya que el tenor solista John Charles Thomas se rehusó excusando que una mujer directora le robaría todo el protagonismo.

    En 1934 en medio de un clima extremadamente machista Antonia Brico crea la New York Women’s Symphony contando con el apoyo de la entonces primera dama Eleanor Roosevelt y teniendo su primer temporada en 1935. Hasta el año 1939 empezaron a admitirse hombres y el nombre de la orquesta cambió a Brico Symphony Orchestra funcionando con éxito.

    En 1942 en plena segunda guerra mundial, Antonia se trasladó a Denver en donde se dedicó a dar clases y dirigió las orquestas y pequeños contratos que le ofrecían, mientras seguía, como siempre, realizando sus propios proyectos como fue el caso del Women’s String Ensemble. En 1945 Brico fue rechazada por primera vez para dirigir la Orquesta Sinfónica de Denver, su nombre apareció en la lista cada vez que la orquesta hacía audiciones para recibir un nuevo director, recibiendo siempre la misma respuesta negativa.

    En 1946, Antonia regresó una vez más a Europa en donde su carrera era más aceptada, dirigiendo en Suecia, Austria y Holanda. También fue invitada por Adrian Boult, reconocido director quien la admiraba profundamente, al Royal Albert Hall de Londres. Allá dirigió la Orquesta Sinfónica de Londres, concierto en el cual conoció a Jean Sibelius, compositor y violinista finlandés con el cual sostuvo una entrañable amistad. El fue la figura que ligaba más estrechamente a Antonia con Europa y esto le aseguraba orquestas como invitada. Las anotaciones de Brico a la composiciones de Sibelius es por lo que hoy en día se ha podido profundizar en muchos aspectos de su producción.

    En 1947 Antonieta volvió a Estados Unidos para quedarse permanentemente, un grupo de músicos le ofreció la única oportunidad de directora residente en toda su carrera para ser directora de una pequeña formación de nombre Denver Bussinessmen orchestra la cual dirigió hasta el fin de su carrera. Desde esta fecha hasta 1967 Antonia se mantuvo en el anonimato, dirigiendo solo cinco conciertos al año con su pequeña orquesta.

    Un compás de inspiración, resiliencia y pasión

    En 1971, el mundo tuvo la oportunidad de conocer más sobre Antonia Brico a través del documental «Antonia: A Portrait of the Woman», dirigido por Judy Collins, conocida cantante de folk. Esta obra ofreció una ventana a la vida, luchas y logros de Brico, destacando su audaz incursión en un mundo dominado por hombres. A pesar de enfrentar numerosos obstáculos, incluida la discriminación de género, Antonia persistió, desafiando las expectativas y demostrando su indomable amor por la música, luchando contra corriente y resurgiendo cada vez que le quisieron cortar las alas.

           «Tengo cinco presentaciones al año. Tengo fuerza suficiente como para tener cinco al mes. Doy clases… pero me siento frustrada. Es como darle un poco de pan a una persona que muere de hambre… Cada vez que escucho el nombre Evgenia Svetlana, muero por dentro… porque ella es mujer en Rusia y está dirigiendo todo el tiempo.»

    En 1975, fue invitada al influyente Mostly Mozart Festival en Nueva York. La demanda fue tal que se añadió una función extra debido al agotamiento rápido de las entradas. CBS grabó ambos conciertos en LP, ahora accesibles en línea. 

    Es notable que los dos conciertos que marcaron la trayectoria mediática de la directora se programaran en la última etapa de su vida, pocos años antes de su retiro formal. En 1977, Antonia Brico realizó su último concierto con la Brooklyn Philharmonia, y en 1981 dio un paso definitivo alejándose de la dirección, aunque su dedicación a la enseñanza continuó por un tiempo más. Sin embargo, en 1988, la vida de Antonia dio un giro cuando sufrió una caída y se fracturó la cadera. Un año después, falleció en la residencia Bella Vita Towers de Denver.

    El sonido eterno de Antonia Brico, un legado que resuena

    Con cada batuta ondeada, Antonia Brico no solo dirigía música, dirigía destinos. En la sinfonía de su vida, las notas melodiosas de su perseverancia resonaron más allá de los auditorios. Antonia, mujer de valor y pasión indomable, rompió barreras en un mundo que a menudo ignora el talento femenino. Su legado no solo es una herencia musical, sino un himno de igualdad, un recordatorio de que el talento y el arte no tienen género. Hoy, cada directora que se para frente a una orquesta lleva en su gesto el eco de Antonia Brico, una pionera que trazó un camino de acordes y valentía para todas las mujeres que sueñan con comandar la armonía del mundo. Gracias, Antonia, por afinar nuestras vidas con tu música y tu coraje. Tu batuta sigue dirigiendo corazones y marcando el compás de un futuro sin límites.

  • Mary Wigman y su Danza expresionista

    Mary Wigman y su Danza expresionista

    Karoline Sophie Marie Wiegmann, conocida en el mundo de la danza como Mary Wigman, nació el 13 de noviembre de 1886 en Hannover, Alemania. Fue una destacada bailarina y coreógrafa, considerada una de las figuras más influyentes en la historia de la danza moderna y expresionista. Su contribución a la danza moderna y su estilo altamente expresivo la llevaron a ser reconocida a nivel mundial, influyendo a generaciones de bailarines.

    Los Primeros Pasos

    Mary nació en una familia con un profundo gusto por la lectura y el canto, esto la motivó desde muy pequeña a sentir es su propias palabras que “tenía talento musical y muy buena voz”

    sin embargo, pese a que compaginó hasta los catorce años sus estudios en el liceo femenino con la formación musical (piano y canto) en el conservatorio de Hannover sus padres le impidieron que estudiara una carrera como cantante profesional.

    Caminos de Inspiración

    Años más tarde en 1910 aún sin el apoyo de sus padres decidió trasladarse a Hellerau convirtiéndose en alumna de Emile Jaques-Dalcroze compositor, músico y educador musical quien acababa de inaugurar una escuela a las afueras de Dresden, Alemania. Durante su tiempo ahí conoció a muchos artistas influyentes de la época, teniendo contacto estrecho con el grupo expresionista Die Brücke del que formaba parte el pintor Emil Nolde quien plasmaba en sus pinturas muchos de los bailes y el movimiento inspirados de Wigman.

    Más adelante se trasladó a Zúrich. Mary fue cercana al movimiento dadaísta el cual se caracterizó por adoptar una postura desafiante y provocadora hacia la cultura, la política y las normas convencionales de la época.

    Las máscaras fueron un valioso recurso para Wigman

    Al estar rodeada de artistas que buscaban experimentar nuevas formas de arte a través de la expresión libre y lejos de academicismos que se venían arrastrando, Mary Wigman encontró el ambiente propicio para florecer como una de las exponentes más destacadas de la danza expresionista y moderna.

    Desde 1913 , Wigman continuó formándose bajo la guía de Rudolf von Laban, un influyente coreógrafo y teórico de la danza y el movimiento. Más tarde Marie se convertiría en su asistente y permanecería en su escuela hasta 1919.

    La escuela de Danza, el sentir de una expresión

    En 1920, Mary Wigman estableció su propia escuela de danza en Dresden, Alemania. Esta escuela se convirtió en un epicentro de experimentación y desarrollo en la danza expresionista, marcando una ruptura con los estilos tradicionales de ballet. A través de su enseñanza y coreografías innovadoras, Wigman fomentó la libertad de movimiento y la expresión auténtica de las emociones humanas.

    Por su escuela desfilaron alumnos destacados que más tarde se convertirían en referentes de la danza como es el caso de Gret Palucca, Pola Nirenska y Vera Skoronell, entre otros.

    Wigman creía en la danza como una expresión auténtica del ser humano y en la liberación de emociones reprimidas a través del movimiento. Su estilo expresionista buscaba provocar respuestas emocionales genuinas en su audiencia. La danza para ella era una forma de arte que iba más allá de la técnica, y sus coreografías a menudo abordaban temas trágicos y existenciales, su trabajo iba más allá explorando las profundidades de la psique humana.

    Otorgaba especial importancia a la gestualidad junto a la improvisación y el uso de máscaras. Creó coreografías realizadas enteramente sin música, también fue ella quien comenzó a utilizar la quietud como potencial en el movimiento, no como sinónimo de silencio ni vacío.

    Encontró nuevas formas de moverse, liberándose del espacio, arrastrándose o deslizándose en él, extendiéndose, soltándose y contrayéndose, siendo una y siendo todo.

    Ella y su compañía recorrieron los Estados Unidos en 1930, y en 1931 se estableció una escuela Wigman en la ciudad de Nueva York bajo la dirección de Holm, que, en 1936, se convirtió en la Escuela Hanya Holm. Las obras de Wigman incluyen Las siete danzas de la vida (1918), Totenmal (1930), toda la ópera Orfeo y Eurídice (1947) de Christoph Gluck, otras óperas, trabajos grupales y solos.

    Para estos momentos la escuela de Dresde iba en declive debido al nazismo por lo que tuvo que cerrar al negarse a participar en un homenaje para Hitler y ser considerada su danza como “arte degenerado” como era catalogado el arte que iba contra los ideales nazis. 

    El camino andado, un legado eterno

    Después de la destrucción de su academia de danza Mary tuvo que dejar Dresden y su vida ahí, para dar paso a la enseñanza y presentación de sus obras en otros lugares de Europa. En 1949 fundó su nueva escuela de danza expresiva en Berlín, el Mary Wigman Studio en donde permaneció activa como bailarina, profesora y conferencista hasta su muerte en 1973.

    Con el pulso de la música en sus venas y la pasión por la danza como su guía, Mary Wigman se convirtió en la personificación de la expresión humana a través de la expresión de su cuerpo. Su danza no era solo movimiento, era poesía en movimiento, era el palpitar de las almas que ansiaban ser libres. A través de su mirada artística única, Wigman logró algo mágico: transformó el silencio en melodía y la quietud en un discurso.

    Mary Wigman en pose expresionista
  • Minna Keal and Her Life in Reverse

    Minna Keal and Her Life in Reverse

    by Fabiola Rodea Loza

    Minna Keal was not only one of the finest contemporary composers gifted to us in the last century; she remains an inspiration. She was a determined woman whose age did not diminish her dreams. When her moment arrived, she seized it magnificently, imparting to us the sense that anything is achievable.

    Born in London in 1909 to Russian immigrants, in a household where Yiddish was spoken, Minna discovered music through her mother, who sang Jewish folk songs, and her uncle, who played the violin. This exposure ignited her passion for music.

    In 1928, at the age of 19, she decided to pursue formal composition studies at the Royal Academy of Music. However, tragically, her father passed away, and she had to abandon her studies to work and support her family. With this, she bid farewell to music for over forty years.

    In 1939, she joined the Communist Party, but in 1957, she left the party due to the Hungarian invasion. She married twice and had one child.

    During the war, she established an organization to rescue Jewish children from Germany.

    I thought I was nearing the end of my life, but now I feel like I’m just beginning. It’s as if I’m living my life in reverse.

    Minna Keal (1989)

    For most of her life, she worked as a secretary. During this time, she also taught piano lessons. When she retired at the age of sixty, almost by chance, she decided to resume her music career, which had been on hold for so long.

    One of her piano students was to be examined by Justin Connolly, a composer and professor at the Royal College of Music. Upon hearing the excellent performance of her student and witnessing the quality of the compositions, he asked to see more of Minna’s work, which she had already archived.

    After reviewing her work and getting to know Minna, he encouraged her to consider resuming her career. By 1975, Minna was a student of Connolly. She initially resumed her music lessons and later pursued composition, eventually becoming one of the finest contemporary European composers.

    Her String Quartet, Op. 1, was completed in 1978 and premiered for the first time in 1989. The Wind Quintet, Op. 2, followed in 1980. After taking lessons with Oliver Knussen in 1982, she finished her four-movement Symphony, Op. 3, which was broadcast on BBC in 1988 and performed at the BBC Proms in 1989. Cantilation for violin and orchestra, Op. 4, was completed in 1988 and had its premiere in 1991.

    Between 1988 and 1994, she worked on the Cello Concerto, Op. 5, which was later recorded by Alexander Baillie and the BBC Scottish Symphony Orchestra, conducted by Martyn Brabbins, for the NMC label. On the same recording is her Balada (1929) for cello and piano, where Alexander Baillie is accompanied by pianist Martina Baillie.

    Her first symphony was premiered in 1989 at the BBC Proms, annual concerts held at the Royal Albert Hall in London, and it was a resounding success. Minna was eighty years old at the time, and from that moment until her passing, she devoted herself entirely to music.

    «I thought I was nearing the end of my life, but now I feel like I’m just beginning. It’s as if I’m living my life in reverse,» she said after her premiere at the Proms.

  • Día de la Maestra y el Maestro: Enseñanza a través del arte

    Día de la Maestra y el Maestro: Enseñanza a través del arte

    La semana pasada me encontraba viendo una película del universo cinematográfico de Marvel, y me di cuenta que inmediatamente identifiqué a los héroes y heroínas que realizan travesías y viajes, tomando decisiones atrevidas para salvar al mundo de inminentes ataques, sin embargo, ¿qué hay de aquellos personajes que inspiran y motivan a dichos héroes? Algunos son familiares, amigos o simples conocidos que los introducen en esa aventura y que forman parte de las decisiones que le dan sentido al panorama general. A estos personajes “extras”, que en ocasiones no cuentan su propia historia, podríamos considerarlos como sus mentores o maestros. Por lo que, conmemorando el 15 de mayo como el Día del Maestro(a), no pude evitar recordar a aquellas personas que, como algunos personajes de cómics o cine para las nuevas generaciones, han impactado nuestra formación personal y profesional.

    Juana de Vega, condesa de Espoz y Mina (1805-1872): 

    En un reciente estudio de género, se analizaron breves notas escritas por el General Francisco de Espoz y Mina (militar reconocido por sus acciones contra los franceses en la Guerra de la Independencia y esposo de Juana de Vega). Por medio de estos escritos, comparados con las memorias de 6 volúmenes y cientos de páginas, se atribuye a Juana de Vega como la autora intelectual y escritora de las memorias, a pesar de haber usado el nombre de su esposo para la publicación de dichos tomos. En las memorias de su marido, narra el viaje compartido con su padre, desde La Coruña a Lisboa. De ahí pasaron a Inglaterra, donde en Londres, por la conocida influencia de Juana hacia su esposo Francisco, se le conoció como La Generala. Durante su estancia ahí (1841-1843), se hace cargo de la educación de Isabel II (eventual Reina de España de 1833 a 1868) y la infanta Luisa Fernanda. En 1836, la condesa, ahora viuda, dejó la corte y regresó a La Coruña donde comenzó una etapa de rebeldía hacia el modelo femenino en la España del siglo XIX. Juana de Vega representa el pensamiento político progresista, apoyando a través de eventos caritativos al talento emergente como al violinista Pablo Sarasate. Las memorias de Juana de Vega fueron publicadas hasta 1910 y se encuentran en el Archivo Histórico Nacional de España.

    Virginia Woolf (1882-1941):

    Su técnica del monólogo interno y prosa poética se consideran entre las contribuciones más importantes a la novela moderna. Adeline Virginia Stephen estudió en su casa, donde se reunían librepensadores, conociendo así a su esposo Leonard Woolf con quién fundó en 1917 la editorial Hogarth. Virginia decidió llevar las preguntas internas hacia el diálogo de los personajes y la narrativa misma, jugando con los efectos psicológicos donde decisiones “simples” pueden traer consigo efectos extraordinarios. Su novela, Orlando (1928) es una fantasía histórica a la vez que un análisis del sexo, la creatividad y la identidad, mientras que su novela más popular, La Señora Dalloway (1925), se desarrolla en un periodo de 12 horas, dejando que cada personaje experimenta en su interior el paso del tiempo y su conciencia sobre el desarrollo del mundo que se construye alrededor.

    Idea Vilariño (1920-2009):

    Cada palabra de cada poema golpea donde tiene que golpear. Son verdades desesperadas de un amor tan turbio como el que sostuvo con el novelista Juan Carlos Onetti (donde plasma su pesar en el poema Ya No). Sus poemas se declaman como una danza rodeada de repeticiones y aliteración que te incitan a continuar leyendo el siguiente verso. Perteneció a la generación del 45, un grupo de artistas críticos de las políticas conservadoras durante la dictadura uruguaya, donde se codeaba con Mario Benedetti y Carlos Maggi. Ella decidió quedarse en Uruguay, expresando su rebelión a través de la poesía y su romance que no se dejaba gobernar, pero quejosa y brava sin necesidad de esperar a ser rescatada como princesa.

    Elina Chauvet (1959):

    Hace algunos ayeres, tuve el privilegio de convivir con Elina, artista visual no encasillada con un género en particular, nacida en Casas Grandes, Chihuahua, egresada por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, con estudios en arquitectura. En su estudio en Mazatlán, Sinaloa, genera diversas formas de arte contemporáneo donde la denuncia por violencia hacia la mujer, es un eje clave. Es un deleite a los sentidos el entrar en su estudio y encontrar cualquier cantidad de obras en las que trabaja constantemente. En México tomó numerosos talleres con maestros destacados como: Luis Nishizawa, Luis Felipe Ortega y Miguel Castro Leñero.

    ​Creadora de la instalación de Arte Público “Zapatos Rojos”, un proyecto de arte colaborativo iniciado en el año 2009 en Ciudad Juárez, siendo esta su obra más representativa, replicada en México y en diversos países como: Italia, Noruega, Argentina, Chile, Paraguay, España, Ecuador, Estados Unidos, Canadá, Brasil y Benín África.

    Desde su concepción, la humanidad ha requerido de la enseñanza y la pedagogía para sobrevivir, aprender a hablar, escribir, desarrollar y practicar los oficios e inclusive experimentar aquellas expresiones que le dan sentido a nuestra estancia en este plano terrenal. Al fin y al cabo, son los maestros y las maestras los que nos ayudan a explorar sensaciones con las que todos nos podemos relacionar y crecer. 

    Y tú, ¿a qué maestro(a) recuerdas en este día?

  • Johanna Van Gogh, la guardiana del legado de Vincent

    Johanna Van Gogh, la guardiana del legado de Vincent

    Por Faba Rodea

    “Johanna Van Gogh-Bonger fue la llave maestra que abrió la puerta al corazón y la mente del genio…”

    Vincent Van Gogh es uno de los artistas más famosos de la historia del arte, pero pocos conocen la historia de la mujer que estuvo a su lado durante gran parte de su vida y carrera. Su nombre era Johanna, y ella jugó un papel crucial en la vida y obra de Vincent.

    Johanna van Gogh-Bonger (1862-1925) fue una de las mujeres más influyentes en el mundo del arte a finales del siglo XIX y principios del XX. Es conocida por su trabajo como traductora, galerista y por ser la esposa de Theo Van Gogh, hermano de Vincent Van Gogh el quien gracias al trabajo y perseverancia de Jo (como era llamada) es reconocido como uno de los mejores pintores del mundo.

    Johanna se casó con Theo van Gogh en 1889 y se mudó a París para vivir con él. Theo trabajaba como marchante de arte y estaba muy interesado en el trabajo de su hermano Vincent, quien todavía no era famoso en ese momento. Johanna también se interesó en el arte y comenzó a trabajar con su esposo en la galería Goupil & Cie, donde se exhibían obras de artistas como Edgar Degas, Claude Monet y Camille Pissarro. En muchas ocasiones se veía rodeada por la compañía de Gauguin, Pissarro o Toulouse-Lautrec. Como apunta en su diario, Jo amaba ese mundo de creatividad, exotismo y vanguardia, consciente de estar presenciando un cambio de tendencia, y describiendo esa temporada como la más feliz de su vida.

    Tras la muerte de Vincent en 1890, Theo cayó en una profunda depresión y murió apenas seis meses después de su hermano dejando a Johanna viuda y con un hijo, Vincent Willem. Theo deja un departamento en Paris con pinturas de Monticelli, algún Gaugin y aproximadamente 200 obras de Vincent, entre dibujos y pinturas. Aunado a esto, dejó también un  gran número de cartas que se enviaron durante su vida entre él y su hermano Vincent. 

    Ante la pérdida de Theo, Johanna Van Gogh decidió retornar a su lugar de origen con el propósito de abrir una casa de huéspedes que le permitiera obtener ingresos económicos. En las paredes de la posada, se podían apreciar los cuadros de su cuñado, Vincent Van Gogh. 

    Johanna se dedicó por años a leer la correspondencia entre Theo y Vincent, comprendiendo más a fondo el sentir del pintor y lo que le motivaba a pintar de la forma como lo hacía. Años más tarde publicó la correspondencia estableciendo así el valor artístico y emocional de la obra de su cuñado.

    La publicación tuvo una gran acogida y sirvió como una plataforma para la creciente popularidad de Vincent como artista.

    Con una dedicación inquebrantable, pasó años estudiando y recolectando su obra, organizando exposiciones y escribiendo sobre su vida y su trabajo.

    Después de mucha crítica a la obra del pintor y momentos difíciles entre rechazos y burlas, Johanna por fin logra conseguir la primera exposición del artista en 1892 y es así como consigue que poco a poco varias galerías se fueron interesando en su obra.

    Con un carácter determinado y fortaleza ante la adversidad no sólo se encargó de promover las obras de Vincent, sino que también las protegió. Prestaba todos los cuadros para muestras y nunca los ponía todos a la venta, aunque los galeristas insistieran. 

    De esta manera, muchos cuadros acabaron pronto en grandes museos y fueron admirados por el público general. Además, Johanna solía situar cuadros menores al lado de obras más consolidadas porque sabía que los compradores se animaban al ver los grandes cuadros.

    También ayudó a formar una importante colección de arte del siglo XIX en el Museo Otterlo al venderle por primera vez a la coleccionista Helene Kröller-Müller, una cantidad importante de pinturas que hoy permanecen expuestas.

    Falleció en 1925 y hasta el día de su muerte seguía trabajando en la promotoría de la obra del artista así como en la traducción de propia mano de las cartas al inglés.

    Johanna Van Gogh-Bonger fue la llave maestra que abrió la puerta al corazón y la mente del genio, desentrañando su complejidad y permitiendo que su legado trascienda el tiempo y el espacio. Sin su esfuerzo y dedicación incansable, la obra de Vincent se hubiera perdido en la inmensidad del universo artístico, ignorada por el mundo y condenada al olvido. Ella es sin duda, la custodia del arte, la protectora de los sueños, la guardiana de la magia, nos legó un tesoro invaluable que nos invita a soñar dentro de esas pinceladas plastosas llenas de color y melancolía.

    Nos enseñó que detrás de cada obra de arte hay una historia, un alma y una pasión, y que su valor va más allá de las críticas. 

    Hoy, como ayer, Johanna sigue siendo la luz que ilumina el camino de Vincent, la voz que habla por él y la musa que inspira a los artistas del futuro. Su legado perdura, su espíritu vive y su amor por el arte nos acompaña por siempre.