La Materia Prima de la Expresión

Hace unas semanas fue el bautizo de mi ahijado y por unos cuantos días conviví de cerca con el primo Pancho, oriundo de Mexicali, que tenía años sin ver. Él es el presbítero de la parroquia San Francisco de Asís, en Puerto Peñasco, Sonora. Y aunque hacía años habíamos hablado de gustos someros, esta última ocasión hubo más carnita en el asador, una serie de pláticas casi tan versátiles como carnaval. Tan refrescantes y espontáneas como el fenómeno de La Bufadora, en Ensenada. 

Durante la tertulia cafetera, la plática con Pancho se movía cual cangrejo en escollera, brincando de tema en tema hasta que nos estancamos un buen rato en la pintura. Debo confesar que me aproveché del estudio del primo Pancho, en disciplinas como la teología y el arte sacro, pues a mi me jaló la marea de cuestionamientos y dudas respecto a la invención de la pintura como la conocemos ahora.

Fue ahí cuando Pancho, como si se dirigiera a las masas dominicales, aclaró un poco el panorama, predicando con el ejemplo, contándonos cómo es que lleva tiempo usando diversas técnicas como la iconografía y la témpera. Mientras mi esposa y yo veíamos fotos en su instagram, la discusión se movió hacia el origen de los materiales. 

***

A un mes de aquella plática, de vuelta en casa y aún motivado con la ricura del chisme artístico del primo Pancho, me interesé en la serie Obras Maestras de la Historia Universal (en Prime Video). Pero, aunque he logrado acercarme a siglos de evolución del arte en cuestión de minutos, hay una duda que vuelve a salpicar cual brisa de mar. ¿Cómo fue que llegamos a dar con el óleo? Probablemente fue un accidente el que nos llevó a conocerlo pero ¿cómo se dio ese accidente? ¿Cómo es que la materia prima ha evolucionado de tal manera que ahora nos damos el lujo de decir “voy al Office Max por pintura”. 

Spoiler Alert… A la fecha no existe un dato específico de cómo es que se descubrió el óleo y tampoco mi primo Pancho supo cómo explicarlo, pero lo que es seguro es que desde hace mucho tiempo iniciamos la costumbre de darle color a nuestras vidas. Es curioso cómo la mezcla de colores y patrones nos acerca a una búsqueda incansable por dejar fijos breves momentos donde el humano se siente más vulnerable… o más inquieto.

Y así como los primeros instrumentos musicales se derivaron de cuernos de animales y conchas marinas, las primeras pinturas se crearon a partir de la sangre o fluidos corporales de flora y fauna endémica. Por ejemplo, uno de los tintes más conocidos, la púrpura de Tiro, se obtenía de la baba de caracol y su color era tan inusual durante la época del imperio romano que quien portara ese púrpura en ropa u objetos era considerado alguien con un gran poder adquisitivo pues para su obtención era necesario moler hasta 12 mil caracolas para garantizar tan solo dos gramos de tinte. 

Durante la misma época, a miles de kilómetros y apuntando más hacia la adoración, el xántico (amarillo indio) se usaba para decorar palacios y estatuillas dedicadas a los dioses, aunque su obtención requería alimentar al ganado vacuno de una especie de mango endémico.

Pero si hablamos de pigmentos, no podemos dejar de mencionar el color “ultramar” que se obtenía a partir del mineral lapislázuli. Este es un tono que hasta 1826 no tenía una versión sintética. Es extremadamente costoso ya que en su forma más pura puede valer hasta 30 mil USD por kilo. Qué mejor ejemplo que observar el velo de la Virgen María durante las obras del Renacimiento como ejemplo visual.

Así como la repostería, la creación de un pigmento requiere la mayor precisión posible, como bien lo dice Dominique Murzeau, Gerente General de Winston & Newton, empresa francesa dedicada a la fabricación de pinturas desde hace 200 años. Pero para qué escribir de imperios romanos y monopolios franceses cuando en México tenemos un sinfín de pigmentos que a la fecha decoran carnavales y fiestas patronales. Por ejemplo, el Achiote, elemental para la preparación de la cochinita pibil y también importante colorante gracias a la bixina, pigmento natural ubicado en la semilla y responsable del color rojo-anaranjado. En la época precolombina, además del achiote, era común usar grana cochinilla (sangre del nopal) o Matlalxochitl, a la cual hay que agradecerle por el pulque azul. 

Si bien, las obras de mi primo Pancho aún no son comestibles, la creación de un solo pigmento (aunque ya sea a través de procesos industriales) involucra mezclar, moler, calentar y probar diversas semillas, ácidos, minerales y aditivos como el aceite, el granito o la cerámica. Todos ellos culminan con pruebas de calidad donde se analizan la viscosidad, el tono y la pigmentación del material (mejor calidad, igual a, más tiempo dura la obra sin perder su originalidad). Pero, a pesar del proceso que nos tome transformar la materia prima, es curioso como nos decantamos sobre una paleta definida. Programación, destellos de nostalgia, mercadotécnia, ¿por qué elegimos los pigmentos para decorar nuestros días?

¡¡Alerta de Recomendación!! ¡¡Alerta de Recomendación!!

Cave of Forgotten Dreams de Werner Herzog (disponible en Tubi).

Ya sea para reflejar lo mundano, hacer una crítica social o simplemente darle tintes de magia a lo terrenal que no tiene respuesta, el crear y repetir un solo pigmento es en sí todo un arte. Así que cuando vayamos de nuevo a comprar pintura y antes de comenzar nuestra obra, preguntémonos, ¿de dónde viene este botecito de pintura con el que expresaré mi realidad?

Escrito por: Gabo Espinoza

Deja un comentario

search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close