Control de impulsos en niños: Estrategias creativas para mejorar su regulación emocional

El trastorno del control de impulsos (TCI) es una condición en la que las personas enfrentan dificultades significativas para controlar impulsos y deseos, los cuales pueden derivar en conductas perjudiciales para sí mismos como para los demás. Este trastorno se manifiesta en una gama de comportamientos impulsivos, como arrebatos de ira o comportamientos compulsivos, entre los que se incluyen el robo  (cleptomanía) y el impulso de jugar de manera desmedida (ludopatía). En el caso de los niños, los síntomas suelen evidenciarse a temprana edad, apareciendo en forma de arrebatos, impulsividad o dificultades para regular sus emociones en entornos familiares y escolares.

¿Qué es el trastorno del control de impulsos?

El TCI implica la dificultad de una persona para resistir impulsos que pueden tener consecuencias negativas. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición (DSM-5), clasifica este trastorno como un grupo de condiciones en las que el comportamiento impulsivo es el eje central, sin que siempre haya una justificación racional detrás de estos actos. En el caso de la cleptomanía, por ejemplo, la persona no roba por necesidad o placer material, sino por un impulso incontrolable que proporciona alivio o gratificación una vez realizado el acto.

¿Cómo reconocer el TCI en niños?

El TCI se manifiesta de forma distinta en niños y adultos. Aunque en adultos puede incluir juego patológico o cleptomanía, en los niños suele mostrarse de las siguientes maneras:

  • Arrebatos de ira en casa y la escuela: Los niños con TCI pueden reaccionar con arrebatos de ira ante pequeñas frustraciones, como cuando no pueden terminar una tarea en clase o enfrentan una negativa en casa. Estos episodios suelen ser repentinos e intensos, y pueden incluir gritos, llanto y, en algunos casos, agresión física.
  • Comportamiento desafiante y agresivo: Los niños con TCI pueden comportarse de forma desafiante con figuras de autoridad, como maestros o padres, y mostrar agresividad con sus compañeros. Esto es especialmente evidente en casa cuando no aceptan reglas básicas, o en la escuela, donde su conducta puede afectar sus relaciones sociales y desempeño académico.
  • Dificultad para esperar turnos: La impulsividad también se refleja en la incapacidad para esperar, interrumpir a otros y no respetar turnos, especialmente en juegos o actividades en grupo, lo cual genera conflictos con sus compañeros y dificulta su integración. 
  • Desarrollo de hábitos compulsivos: Aunque menos común, algunos niños pueden mostrar patrones de comportamiento compulsivo, como tomar objetos ajenos. Si bien no todos los niños que toman cosas tienen TCI, cuando esta conducta se repite y parece difícil de controlar, podría tratarse de una manifestación del trastorno.

¿Qué sucede en el cerebro cuando no podemos controlar los impulsos?

El control de impulsos está vinculado a áreas específicas del cerebro, especialmente el sistema límbico y la corteza prefrontal, estos sistemas son los que nos ayudan a regular comportamientos y pensar en consecuencias. En el caso de los niños, quienes tienen una corteza prefrontal en desarrollo, el TCI puede afectar la regulación emocional de manera significativa.

  • Corteza prefrontal: Responsable de la toma de decisiones y el control de impulsos. En el TCI, esta área puede no funcionar de manera óptima, dificultando la habilidad de los niños para regular sus emociones y comportamientos. Los niños en especial tienen una corteza prefrontal en desarrollo, por lo que el impacto de este trastorno puede interferir más.
  • Amígdala: La amígdala, que procesa emociones como el miedo y la ira, tiende a estar hiperactiva en el TCI, lo cual genera respuestas emocionales más intensas ante situaciones que otros podrían manejar con más calma.
  • Estriado ventral: relacionado con el sistema de recompensa, se activa en respuesta a comportamientos impulsivos, lo que genera una gratificación inmediata. En los niños, este sistema puede motivar la repetición de conductas impulsivas debido a la recompensa emocional que sienten, sin percibir aún las consecuencias.

Cómo afecta a los niños en casa y en la escuela

El TCI afecta el rendimiento académico y las relaciones familiares, y estas son algunas de las formas en que se manifiesta:

  • En el hogar: Los niños con TCI pueden mostrar un comportamiento desafiante y tener problemas con la rutina diaria. Las interacciones familiares pueden volverse tensas, especialmente si el niño reacciona de forma agresiva o se frustra rápidamente con tareas simples, como recoger sus juguetes o terminar la cena. Esto genera estrés en toda la familia y puede afectar la relación entre padres e hijos.
  • En la escuela: En el ámbito escolar, los niños con TCI suelen tener problemas de concentración y dificultades para seguir reglas y normas. Esto puede llevar a conflictos con maestros y compañeros. Su desempeño académico puede verse afectado debido a la impulsividad en el aula, ya que interrumpen la clase, no esperan turnos o reaccionan con ira o frustración. Esto, a su vez, puede impactar su autoestima y generar una imagen negativa de sí mismos.

Tratamiento y apoyo para el control de impulsos en niños

El tratamiento para el TCI puede incluir la terapia cognitivo-conductual (TCC), que ayuda a los niños a identificar y manejar sus impulsos mediante técnicas de regulación emocional. Los padres también pueden aprender estrategias para establecer límites claros y responder con empatía en lugar de recurrir a castigos.

En algunos casos, los médicos pueden considerar medicamentos como los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), que ayudan a regular el estado de ánimo y el control de impulsos bajo supervisión médica.

Las técnicas de manejo de estrés como la meditación o ejercicios de respiración también pueden ser de ayuda, permitiendo a los niños calmarse antes de actuar.

Estrategias para manejar el TCI en el aula

Los maestros pueden jugar un papel fundamental en el manejo del TCI, proporcionando un entorno estructurado y comprensivo. Aquí algunas estrategias para fomentar la integración y el desarrollo de los niños:

  • Establecer rutinas y expectativas claras: Los niños con TCI se benefician de saber exactamente qué se espera de ellos. Iniciar la clase con una breve descripción de la actividad y los pasos a seguir ayuda a estos estudiantes a mantener el enfoque. Utilizar apoyos visuales, como carteles o gráficos de las reglas del aula, puede hacer que el ambiente sea más predecible y seguro para ellos.
  • Estrategias de autocontrol y pausas estructuradas: Incluir descansos regulares en la jornada escolar les permite liberar energía y reducir el estrés. Después de un periodo de concentración, se les puede ofrecer unos minutos de respiración profunda o ejercicios de estiramiento para ayudarles a calmarse y volver a enfocarse en la tarea.
  • Refuerzo positivo y metas alcanzables: Establecer metas pequeñas y recompensar a los niños por alcanzarlas ayuda a construir su autoestima y su habilidad para controlar impulsos. Un sistema de recompensas sencillo, como dar estrellas o puntos por completar una tarea sin interrupciones, es efectivo. También es importante reconocer sus esfuerzos y progresos, no solo los resultados.
  • Modelado y práctica de habilidades sociales: Los maestros pueden modelar y practicar habilidades sociales mediante juegos de rol, donde los niños aprenden respuestas alternativas y observan los beneficios de un comportamiento controlado. Esto les permite practicar cómo reaccionar ante distintas situaciones, aprendiendo a manejar sus impulsos.

Actividades artísticas y musicales para apoyar a niños con TCI

Las actividades artísticas y musicales proporcionan un espacio seguro y expresivo para que los niños con TCI canalicen su energía y mejoren su capacidad de autocontrol. Algunas sugerencias son:

  • Dibujo y pintura con música relajante: Esta actividad ayuda a los niños a centrarse y conectar con sus emociones. Puedes iniciar la clase de arte con música suave de fondo, invitándolos a expresar en el papel cómo se sienten. La elección de colores y formas permite que canalicen sus impulsos de una manera creativa, y la música ayuda a calmar su mente y cuerpo, fomentando la concentración.
  • Percusión rítmica en grupos: Utilizar instrumentos de percusión, como tambores o maracas, permite a los niños descargar energía de forma controlada y trabajar en sincronía con otros. Esta actividad fomenta la paciencia, ya que deben esperar su turno y seguir un ritmo, aprendiendo a coordinarse con sus compañeros.
  • Teatro de improvisación: Este tipo de ejercicio permite a los niños practicar el autocontrol en situaciones imaginarias. En el teatro de improvisación, los estudiantes pueden interpretar emociones o situaciones, aprendiendo a controlar sus respuestas y explorando cómo manejar los impulsos. Al final de cada improvisación, es útil reflexionar en grupo sobre cómo se sintieron y qué aprendieron.
  • Clase de rítmica Dalcroze: Incorporar una clase de rítmica Dalcroze es especialmente útil para los niños con TCI porque esta metodología se enfoca en la relación entre el movimiento, el ritmo y la música para desarrollar el autocontrol, la atención y la regulación emocional. El método Dalcroze fomenta la expresión corporal y la conciencia del espacio, lo que permite a los niños integrar sus impulsos de manera más controlada. El uso del ritmo como herramienta para regular el cuerpo y la mente refuerza la capacidad de esperar, escuchar y responder de manera reflexiva. En un entorno grupal, esta actividad también promueve la cooperación, la espera de turnos y la sincronización, habilidades fundamentales para los niños con dificultades de control de impulsos.

Conclusión

Los niños con trastorno del control de impulsos pueden enfrentar muchos desafíos en su vida escolar, pero con el apoyo adecuado y actividades enfocadas en la creatividad y la autoexpresión, pueden aprender a manejar sus emociones y relacionarse mejor con quienes los rodean. Tanto los maestros como los padres tienen un rol vital en crear un entorno donde los niños se sientan seguros y comprendidos.

Si bien el camino hacia el control de impulsos puede ser largo, el acompañamiento adecuado y la paciencia pueden hacer una diferencia significativa en su bienestar y desarrollo integral. Al incluir estrategias de autocontrol y actividades artísticas en su día a día, es posible ofrecerles herramientas valiosas para su desarrollo.

Referencias 

  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
  • Dalley, J. W., Everitt, B. J., & Robbins, T. W. (2011). Impulsivity, compulsivity, and top-down cognitive control. Neuron.

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