El Angel del Arte Mexicano
Por Fabiola Rodea
Su legado sigue siendo un faro de esperanza y motivación para todos aquellos que buscan hacer del mundo un lugar más bello y justo a través del arte.

Antonieta Rivas Mercado nació en la Ciudad de México el 28 de abril de 1900, hija de Antonio Rivas Mercado, conocido por sus importantes aportes a la arquitectura de México en los que destaca su Victoria Alada más conocida como el “Angel de la independencia”. Desde muy joven, demostró una pasión por las artes y la cultura, educada en casa, motivada por su padre a leer, cuestionarse y aprender, Antonieta fue desarrollando una personalidad inquieta, intuitiva e intelectual.
Muy joven vivió una temporada en París en donde fue aceptada sin conocimientos previos en una academia de ballet prestigiada, en esa época ya hablaba francés, inglés, alemán, italiano y griego, también se interesaba por la situación política de México con la revolución que iniciaba. A medida que crecía, se convirtió en una figura importante en el mundo de las artes y la cultura mexicana.
Después de la muerte de su padre ella queda como heredera de una fortuna que utilizó para fomentar el arte y la educación en el país. En 1928, fundó el Teatro Ulises en la Ciudad de México, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en establecer un teatro y a su vez actuar en algunas de las puestas en escena. El Teatro Ulises se convirtió rápidamente en un centro cultural de gran importancia dirigido por Xavier Villaurrutia y Salvador Novo, en los que participaban otros artistas importantes de la época como el pintor Manuel Rodríguez Lozano.

También se encargó de la traducción al español de varias obras importantes, siendo autora a su vez de artículos en revistas tanto en Europa como en México. Antonieta era una verdadera mecenas del arte, y utilizó su influencia y posición social para apoyar a numerosos artistas emergentes y proyectos culturales importantes. Pero su apoyo al arte no se limitó solo a los grandes proyectos. Antonieta también apoyó a jóvenes artistas, dándoles la oportunidad de mostrar su trabajo en su casa, organizando exposiciones de arte y financiando sus proyectos creativos e incluso dándoles albergue como en el caso del escritor Andrés Henestrosa.
Antonieta apoyó la iniciativa de Carlos Chávez para fundar una orquesta sinfónica en el país. Gracias a su colaboración y la de otros miembros de la sociedad, se logró reunir los fondos necesarios para crear la orquesta, ella estaba convencida de que México necesitaba una orquesta sinfónica de primer nivel para mostrar al mundo la calidad de la música y el talento mexicano.
Más tarde en 1929 Antonieta participó activamente en la política del país patrocinando y acompañando a José Vasconcelos durante su campaña rumbo a la presidencia de México. Esto la sensibilizó aún más al ver la realidad de un México sumido en la ignorancia y la pobreza. Se encargó de crear un comité de mujeres promotoras de dicha campaña argumentando el derecho a voto para la mujer.
En esta última etapa de su vida comenzó a perder dinero y vender propiedades para poder seguir invirtiendo en la campaña con la firme convicción de que ganaría Vasconcelos, con quien también tenía una relación sentimental.
Después de que Vasconcelos pierde por un fraude electoral, su ex-esposo gana la patria potestad de su único hijo, incluso ella fue de las primeras mujeres en solicitar un divorcio. Aunado a esto pierde toda su fortuna, Antonieta cae en una profunda depresión terminando con su vida a los 31 años el 11 de febrero de 1931 disparando directo al corazón con un revólver que fue propiedad de José Vasconcelos al interior de la Catedral de Notre Dame.
Sin duda Antonieta fue una figura excepcional en la historia de México, amiga de artistas como Diego Rivera, Orozco, Siquieros, Villaurrutia, Garcia Lorca entre otros artistas destacados e intelectuales de la época a quienes brindó apoyo siendo una defensora incansable del arte y la cultura creyendo siempre en una transformación social por medio de estos. Su legado sigue siendo un faro de esperanza y motivación para todos aquellos que buscan hacer del mundo un lugar más bello y justo a través del arte.
Antonieta Rivas Mercado, esa mujer estilizada, de ojos profundos y dedos largos, amante de tocar el piano, siendo reconocida por toda la ciudad como una dama elegante a bordo de un Cadillac azul atravesando la ciudad bajo las alas de la victoria en búsqueda siempre de transformar México en un lugar mejor haciendo del arte y la cultura una fuerza transformadora en nuestras vidas y en nuestra sociedad.

