En 1846 el artista Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina (vaya nombrecito) dio a conocer esta obra que “representa” el testimonio gráfico del ambiente intelectual durante el reinado de Isabel II (1830-1904). Se titula Los Poetas Contemporáneos. Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor. Es un cuadro hermoso, pieza clave de la cumbre del romanticismo español. Sin embargo, hay algo que le falta al cuadro. ¿Puedes notarlo? No, no le falta un retoque a los rostros de aquellos intelectuales. Sí, las puertas y ventanales sí están bien definidos. No, la sombra no juega en contra de la orientación de los objetos.
¿Ya lo notaste? ¡Correcto! No observamos a ninguna mujer en la pintura. Ningún rostro femenino. ¿Por qué no fueron representados otros artistas más que estos? ¿No había mujeres literatas? ¿Podemos culpar al autor de la obra por no colocar a artistas con otro contexto social diferente al suyo? ¿Diferente religión, diferente preferencia sexual? Probablemente no, porque el autor es esclavo de su tiempo y espacio, es un imitador del lenguaje, de la época, de las ideas que lo rodean y lo cobijan entre sueños.
Observemos el trabajo de Julio Galán (1959-2006), quien se especializó en las artes plásticas después de haber dejado por las buenas la arquitectura. Durante su expresión artística, desarrolló un humor, sarcástico, representado por el YO, navegando entre su infancia con obras como laberintos y paisajes cotidianos o habitaciones donde las paredes marcan el fin de su desarrollo primario, pero con miras de emprender el vuelo, como un humano alado.
Eventualmente, entre sus estancias en Nueva York y Europa, comienza la autoexploración más allá del ensimismamiento, que le ayuda a encontrarse con otra faceta como el ventriloquismo y va explorando con la creación de alter egos, a través de muñecos, hasta mostrarse como quiere ser visto, pero sin tener que dar explicaciones, sin concesiones de ese YO Travesti reformado que le llega en sueños y deseos, diluyendo al macho mexicano en una figura andrógina.
También exploró la fotografía, vacilando, de nuevo con humor, sarcasmo y tirria, de manera natural pero coordinada, guardando secretos de él mismo que no quería contar, dejándonos deseosos de ese chisme tan rico que podríamos pasar tardes hablando. ¿Quién es Julio Galán? Sus obras se caracterizaron por el uso de accesorios que ahora consideraríamos como glam, asociándolo a una competencia drag, pero van más allá de cualquier análisis pinchurriento que quisiéramos hacer, escapa cualquier interpretación. Es un artista y debe ser respetado como tal y expuesto como tal. El arte sin límites que nos enseñó Julio Galán.
¿Pero por qué es importante la representación de alguien de la comunidad? Utilizaré como ejemplo una entrevista previa al Super Bowl LVII, donde Rihanna explicó que para ella era importante la REPRESENTACIÓN, haciendo énfasis que alguien con sus características y contexto social los represente en un evento tan importante, en alusión al contexto racial polarizado que se vive en Estados Unidos y la situación migratoria, siendo ella una mujer caribeña. Esto me hizo reflexionar que poco conozco sobre el arte que hacen artistas identificados con la Comunidad LGTBQ+. Y no porque tengamos que encasillarlos, sino porque es importante reconocer que, a pesar de que existen plataformas para encontrarlos, no es común ver una representación de su trabajo en plataformas convencionales. Aquí es donde cobra importancia la REPRESENTACIÓN de todas las clases y sectores de la población en el arte. Pero ¿qué tiene que ver el arte con el hecho de pertenecer a la comunidad LGTBQ+? Nada, no debe importar quien hace arte, pero lo que sí importa es que haya una representación justa de TODOS los que hacen arte.
Gabo Espinoza







