Crónica: ¿Qué hace un(a) director(a) de orquesta?

Al conocer la fecha de su presentación, en el Centro Cultural Olimpo, me emocioné de sobremanera pues sería la primera vez que lo vería en la chamba, en acción, dirigiendo sus nuevas composiciones (Canto de Aurora, Un Viaje del Aire al Mar). La fila se extendía a las afueras del recinto un domingo por la tarde en la capital yucateca y yo era uno más de los formados para escuchar el trabajo del maestro Manuel Zazueta, el músico de la familia que resulta y resalta es mi tío. Mientras esperaba, el pecho se me inflaba de orgullo por el simple hecho de pensar que tanta gente estuviera expectante del resultado. “¿Qué interpretación le darían? ¿Les gustará o no la propuesta?” Algunos cuchicheaban por aquí y otros gritaban por allá. Las madres y padres de quienes interpretarían nuevas piezas en la Orquesta Juvenil de Mérida se veían impacientes, sonriendo a todas partes, listos para entrar y obtener el mejor asiento posible. Mi puntualidad rindió frutos, siendo de los primeros en ingresar, tomando asiento y observando las instalaciones. Frente al resto del público, que poco a poco iba llenando la atmósfera con risas y saludos cordiales, una luz amarilla descansaba a lo largo y ancho del escenario principal donde se encontraban algunas sillas y atriles. 

Estuve analizando el lugar, impaciente por escuchar el famoso “Tercera llamada”, pero un objeto captó mi atención. No era precisamente un instrumento, sino una herramienta. La batuta del director se encontraba en el atril más cercano a la audiencia, inmóvil. “¿Estará igual de impaciente que el público? ¿Guardar energías para vibrar al ritmo del sonido?”. Pensé en la batuta como un ser vivo que ve el espectáculo junto a nosotros, aunque en verdad la batuta, guiada por el director de la orquesta, se anticipa a los sonidos de los demás. Pero, ¿es necesario tener una batuta para dirigir? 

Primera llamada, primera: 

Entonces ¿qué hace un director de orquesta? Bueno, pues es el encargado de darle un estilo a obras propias o de otros autores. Claro, es difícil pensar en ello cuando sabemos que la música también se escribe, pero esa, en mi humilde punto de vista, es la tarea más relevante del director. ¿Cómo darle un estilo propio a algo que está escrito por alguien más? Probablemente la idea sea mejor ejemplificada a través de este ejercicio: Piensen en su canción popular favorita. ¿Listo? Bien, ahora intenten darle a esa canción un estilo, mmm digamos… Bossa Nova. ¿Ya lo tienen? Perfecto. Esa es la idea, dicha muy coloquialmente, sobre el trabajo del director. Pero no termina ahí, ahora agreguemos niveles de dificultad. Ya que tienen la canción en versión Bossa Nova, el director es responsable de que todos los músicos que interpretan algo que ya habían escuchado antes en otra versión, puedan adaptar tiempos y ritmos nuevos a la pieza. Oye y ¿cómo haces eso? Pues a través de ensayos, interpretaciones del significado de la pieza, análisis del ritmo, tiempos, intensidad y todo para impregnar el estilo deseado. Sí, suena una tarea difícil para una canción popular, pero ahora imagínense para múltiples sonidos donde cada violín, trompeta francesa, flauta, violoncello, y cualquier otro instrumento que puedan pensar, se sincronicen para que la ejecución sea “perfecta”.

Segunda Llamada, segunda:

Una vez que el director sabe qué quiere y hacia dónde quiere llegar, utiliza una herramienta elemental, su cuerpo y aquí es donde entra la batuta, porque esta es solo una extensión del director. Con el cuerpo, el director debe indicar a la orquesta el ritmo, los tiempos y la fuerza con la que el resto de los músicos interpretarán lo escrito en las partituras, porque de lo contrario, cada músico, de acuerdo a su contexto social, percepción u opinión personal, podría ejecutar la misma nota pero con una intensidad y tonalidad distinta.

Tercera llamada, tercera, comenzamos: 

Escuché en el audio local. De inmediato los espectadores se dieron una última acomodada en el asiento para disfrutar del resultado de horas y horas de ensayo, horas y horas de meditación, horas y horas de improvisación y sobre todo, horas y horas del proceso creativo musical, el cual, ya en sí es un espectáculo por su cuenta.

Los músicos salieron al escenario, algunos más tensos que otros, acomodándose en sus respectivas áreas debajo de aquella cálida luz amarilla. El primer violín respalda la larga fila de jóvenes promesas de la región sureste del país y detrás de él, el maestro Manuel Zazueta que, sonriente como siempre, tomaba la batuta para convertirla en una extensión más de su ser, haciéndola flotar y danzar en suaves movimientos errantes pero precisos, creando una amalgama de sonidos en el ambiente que deleitó a meridianos y extranjeros. 

No sé si lo he definido de una manera universal pero espero que por medio de esta crónica podamos entender mejor la función de un Director(a) de Orquesta. Y tú, ¿estás listo para impregnar tú estilo musical?

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