Karoline Sophie Marie Wiegmann, conocida en el mundo de la danza como Mary Wigman, nació el 13 de noviembre de 1886 en Hannover, Alemania. Fue una destacada bailarina y coreógrafa, considerada una de las figuras más influyentes en la historia de la danza moderna y expresionista. Su contribución a la danza moderna y su estilo altamente expresivo la llevaron a ser reconocida a nivel mundial, influyendo a generaciones de bailarines.

Los Primeros Pasos
Mary nació en una familia con un profundo gusto por la lectura y el canto, esto la motivó desde muy pequeña a sentir es su propias palabras que “tenía talento musical y muy buena voz”
sin embargo, pese a que compaginó hasta los catorce años sus estudios en el liceo femenino con la formación musical (piano y canto) en el conservatorio de Hannover sus padres le impidieron que estudiara una carrera como cantante profesional.
Caminos de Inspiración
Años más tarde en 1910 aún sin el apoyo de sus padres decidió trasladarse a Hellerau convirtiéndose en alumna de Emile Jaques-Dalcroze compositor, músico y educador musical quien acababa de inaugurar una escuela a las afueras de Dresden, Alemania. Durante su tiempo ahí conoció a muchos artistas influyentes de la época, teniendo contacto estrecho con el grupo expresionista Die Brücke del que formaba parte el pintor Emil Nolde quien plasmaba en sus pinturas muchos de los bailes y el movimiento inspirados de Wigman.
Más adelante se trasladó a Zúrich. Mary fue cercana al movimiento dadaísta el cual se caracterizó por adoptar una postura desafiante y provocadora hacia la cultura, la política y las normas convencionales de la época.

Al estar rodeada de artistas que buscaban experimentar nuevas formas de arte a través de la expresión libre y lejos de academicismos que se venían arrastrando, Mary Wigman encontró el ambiente propicio para florecer como una de las exponentes más destacadas de la danza expresionista y moderna.
Desde 1913 , Wigman continuó formándose bajo la guía de Rudolf von Laban, un influyente coreógrafo y teórico de la danza y el movimiento. Más tarde Marie se convertiría en su asistente y permanecería en su escuela hasta 1919.
La escuela de Danza, el sentir de una expresión
En 1920, Mary Wigman estableció su propia escuela de danza en Dresden, Alemania. Esta escuela se convirtió en un epicentro de experimentación y desarrollo en la danza expresionista, marcando una ruptura con los estilos tradicionales de ballet. A través de su enseñanza y coreografías innovadoras, Wigman fomentó la libertad de movimiento y la expresión auténtica de las emociones humanas.
Por su escuela desfilaron alumnos destacados que más tarde se convertirían en referentes de la danza como es el caso de Gret Palucca, Pola Nirenska y Vera Skoronell, entre otros.
Wigman creía en la danza como una expresión auténtica del ser humano y en la liberación de emociones reprimidas a través del movimiento. Su estilo expresionista buscaba provocar respuestas emocionales genuinas en su audiencia. La danza para ella era una forma de arte que iba más allá de la técnica, y sus coreografías a menudo abordaban temas trágicos y existenciales, su trabajo iba más allá explorando las profundidades de la psique humana.

Otorgaba especial importancia a la gestualidad junto a la improvisación y el uso de máscaras. Creó coreografías realizadas enteramente sin música, también fue ella quien comenzó a utilizar la quietud como potencial en el movimiento, no como sinónimo de silencio ni vacío.
Encontró nuevas formas de moverse, liberándose del espacio, arrastrándose o deslizándose en él, extendiéndose, soltándose y contrayéndose, siendo una y siendo todo.
Ella y su compañía recorrieron los Estados Unidos en 1930, y en 1931 se estableció una escuela Wigman en la ciudad de Nueva York bajo la dirección de Holm, que, en 1936, se convirtió en la Escuela Hanya Holm. Las obras de Wigman incluyen Las siete danzas de la vida (1918), Totenmal (1930), toda la ópera Orfeo y Eurídice (1947) de Christoph Gluck, otras óperas, trabajos grupales y solos.
Para estos momentos la escuela de Dresde iba en declive debido al nazismo por lo que tuvo que cerrar al negarse a participar en un homenaje para Hitler y ser considerada su danza como “arte degenerado” como era catalogado el arte que iba contra los ideales nazis.
El camino andado, un legado eterno
Después de la destrucción de su academia de danza Mary tuvo que dejar Dresden y su vida ahí, para dar paso a la enseñanza y presentación de sus obras en otros lugares de Europa. En 1949 fundó su nueva escuela de danza expresiva en Berlín, el Mary Wigman Studio en donde permaneció activa como bailarina, profesora y conferencista hasta su muerte en 1973.

Con el pulso de la música en sus venas y la pasión por la danza como su guía, Mary Wigman se convirtió en la personificación de la expresión humana a través de la expresión de su cuerpo. Su danza no era solo movimiento, era poesía en movimiento, era el palpitar de las almas que ansiaban ser libres. A través de su mirada artística única, Wigman logró algo mágico: transformó el silencio en melodía y la quietud en un discurso.

